Discurso: Felipe Rojas Román en la Ceremonia de Clausura del Programa Formativo Ven y Verás – Duplicado

"En esto conocerán que sois mis discípulos" (Jn 13,35); es decir, mis amigos serán reconocidos por su modo de querer a los demás.

Martes 18 de junio de 2024, Madrid

Estar aquí y ver a cada uno de los participantes de este evento, ver el panel que nos hace honor, es sin duda comprobar la verificación de un método: la RELACIÓN. La relación es la antítesis a un mundo donde se promueven liderazgos centrados en la protección de las estructuras que reconduzcan las relaciones, más que en las relaciones que construyan estructuras. Este diploma que recibirán es, por tanto, la verificación de que vamos contra corriente y que vamos bien. Apuntamos al afecto que surge de las relaciones y queremos construir un liderazgo fundado en el afecto.

Por tanto, quiero agradecer antes que nada a los amigos que se han sumado a esta linda locura del programa “Ven y Verás”. Fiarse de una propuesta como esta me hace ver que no salimos mejores, sino que salimos más amigos. Recuerdo esos días de llamadas telefónicas y mensajes de WhatsApp, contándoles la idea que tenía en la cabeza, y sin dudar, por puro fiarse, han dicho que sí. Esta es la clave que me gustaría señalar: el sí a la propuesta. Gracias, María Ángeles, por tu mirada, apuesta y provocación que me hicieron capaz de idear y pensar un programa como este, que en realidad no tiene otra genialidad que juntar amigos. “En esto conocerán que sois mis discípulos” (Jn 13,35); es decir, mis amigos serán reconocidos por su modo de querer a los demás.

La relación tiene como fruto la amistad, surge la posibilidad de darse completamente al otro. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos, y amigos son quienes se han atrevido a entrar en una relación y generar un vínculo. ¿Se imaginan cómo sería si los llamados a tomar los grandes acuerdos del país precedieran una amistad, y no hablo de una amistad cívica, sino profundamente una amistad? El Papa Francisco señaló que hoy Jesús nos dice que para Él somos precisamente eso: amigos, personas queridas más allá de todo mérito y expectativa, a las que Él tiende la mano y ofrece su amor, su Gracia, su Palabra; con las que comparte lo que le es más querido, todo lo que ha escuchado del Padre. Incluso las diferencias de ideas serían una anécdota que se sortearían fácilmente porque prevalecería el afecto. La amistad, por tanto, es el mejor antídoto contra toda ideología, contra toda distancia, contra todo prejuicio, contra todo desconocimiento. La ideología es la anestesia del mundo de hoy que nos quiere curar del afecto.

Lo que ustedes tienen en sus manos, por tanto, es un diploma que certifica que han vivido un programa de liderazgo que pretende, entre otras cosas, demostrar dos criterios esenciales sobre qué es ser líder fundado en el afecto. El primero: líder no es quien sabe controlar u organizar. El Papa Francisco nos advierte de la “tentación del eficientismo, del pensar que la Iglesia va bien si tiene todo bajo control, si vive sin ‘sacudidas’, con la agenda siempre en orden, todo regulado”. Líder, por tanto, es quien vive en sacudidas y es capaz de dejarse conducir y orientar. Estos jóvenes han vivido la experiencia de conocer a grandes líderes, a esos que viven en constantes sacudidas, que viven en la marginalidad del sistema y deben hacer frente al descontrol de sus vidas, pero que viven porque, a pesar de sus dificultades, son capaces de ponerse al servicio del otro. Nos encontramos con la soledad de los jóvenes, personas en situación de calle, migrantes sin papeles, toxicómanos, personas con discapacidades severas. Caminamos con ellos y, en medio de ese encuentro, nos dimos cuenta de que eran nuestros maestros, nuestros referentes, porque Dios habla a los humildes y pequeños. Debemos escucharlo a Él antes que a nosotros. Líder es quien tiene la humildad de la escucha que nace cuando, en vez de hablar, se escucha, se deja de estar en el centro. Por tanto, este es el Segundo criterio: el líder que se forja no es quien busca un cargo de líder, sino quien acepta un llamado. Líder no es para nosotros quien construye su obra, sino quien se pone al servicio de la obra de otro, es quien, por tanto, dice que sí a una propuesta que está en la realidad. Hay que ser humildes para aceptar que el camino de perfección es aceptar que no controlamos los resultados sino nuestros actos. Dar el paso y aceptar la llamada es el primer acto de todo líder, a pesar de que no, dice que sí. Y esto, déjenme decirles, lo he visto en ustedes y en sus proyectos de fin de programa.

Por ejemplo, Don Carlos, ¿qué pensaría usted de la idea que ha nacido aquí de que las instalaciones municipales se transformen en coworking comunitarios, para prevenir la soledad no deseada y generar vínculos entre los vecinos de Madrid? Bibliotecas, centros juveniles, centros de día para personas mayores, habilitados para que quienes trabajen puedan encontrarse. ¿Qué me diría de un proyecto SARA, para favorecer la acogida comunitaria de niños cuyos padres se ven obligados a trabajar y no tienen una red familiar de apoyo? ¿Podrían ser los mismos vecinos una red de acogida? ¿Qué me dirían de que, dentro de los participantes, líder es quien ha respondido desde un sí a una realidad que esconde una cruz que humanamente nadie quisiere? Porque para mí, un líder es quien acepta un llamado, no busca ser primero, sino servir. Por ejemplo, saben que dentro de los participantes tenemos un joven que ha tenido que huir de Nicaragua porque al ver su iglesia perseguida por el régimen político dictatorial su vida se vio expuesta, y desde España sin querer ha aceptado el llamado de representar una voz silenciada de una iglesia perseguida. ¿Saben ustedes que entre los participantes hay una mujer con dos cánceres a su espalda que es capaz de irradiar una luz y decir sí a la vida y consagrar su vida a generar un emprendimiento lúdico a través de cartas para fortalecer los vínculos humanos, y hoy en su proyecto final piensa generar un café que promueva el encuentro con las diferentes realidades? ¿O una joven de una familia de 10 hermanos que, al final del camino de bocatas, entiende y nos señala a todos que sabiendo que en su vida no le ha faltado nada porque ha valorado el amor de su familia, no es la misma realidad que viven otros jóvenes de su edad, y su proyecto final responde a movilizar corazones para ir en ayuda de un hospital en Iberia?

Así podría seguir, pero ustedes, queridos jóvenes, han experimentado que los mejores proyectos sociales lo son cuando nacen del afecto, de lo que nos afecta, de responder esa pregunta que desde Scholas Ocurrentes nos provocaron a suscitar: ¿Qué me pasa a mí con esto que vivo yo? ¿Qué me pasa a mí en el encuentro con esta realidad? Y aquí están ustedes recibiendo un diploma porque han aceptado el desafío de decir que sí a la experiencia de encontrarnos con otros, de generar lazos y, sobre todo, y con esto termino, de sabernos originales. El líder es quien sabe que es original, que está hecho a una imagen y semejanza única, y que no aspiramos a ser una escuela que forje un estereotipo de líderes, sino que descubra el líder que todos llevamos dentro porque tantos corazones existan tantos lideres hay. Porque si nuestro liderazgo está en descubrir esa luz que brilla en nosotros, nuestra particularidad, nuestra originalidad, nuestro corazón ¡nosotros desde “Ven y Verás” no solo tenemos que identificar a los futuros líderes, sino despertar el liderazgo para que desde su realidad den testimonio de un amor más grande, un amor que nos mira cómo estamos llamados a mirar: con una ternura que despierte un compromiso en la sociedad. Gracias a cada uno de los participantes por estar aquí por ser la primera edición y sobre todo porque nos da la posibilidad de ver que el sueño de construir una comunidad una comunidad en salida